Imagina…
…que lees un libro. Te encanta. Hay ideas escritas en él que llegan a tu cabeza y entran en contacto con las que ya hay. Se relacionan y crecen.
Se lo cuentas a alguien con tus palabras, y ese alguien recibe esas ideas, y las comenta contigo. Se interesa… puede que también lea el libro.
Si seguís hablando del tema, llegaréis a un punto en el que la idea original ya no es la misma, la habréis integrado y expresado dentro de vuestras vidas, y la comunicación entre vosotros os habrá ayudado a conseguirlo.
Habrá surgido algo totalmente nuevo, vuestro. Una idea nueva que ha nacido a través de vuestro mundo y vuestra relación.
Os sentiréis satisfechos de haber crecido un poquito más.
¿Hasta ahí bien?
Ahora imagina…
…otra situación en la que también lees el mismo libro, llegan las mismas ideas a tu cabeza.
Cuando quieres compartirlo con alguien, le lees en voz alta el libro, palabra por palabra.
La otra persona aplaude y sonríe. Pero no comenta.
Si le ha gustado, seguramente también intentará leer en voz alta o repetir las partes que le gusten, palabra por palabra.
Y tú, sonreirás porque conoces esas palabras por haberlas leído antes, pero tampoco comentarás.
Ambos os sentiréis satisfechos por compartir algo agradable.
¿Ves la diferencia? ¿Qué historia tiene más sentido para ti? A mí me gusta más la primera. Me gusta crecer y compartir ideas, más que repetirlas sin más como un loro.
Ahora cambia un pequeño detalle en ambas historias. Cambia el lenguaje.
Cambia el lenguaje escrito y hablado, por música. Cambia el libro por una partitura, y las palabras por notas. Vuelve y relee lo anterior si hace falta.
¿Qué historia es ahora más común?
El lenguaje de la música
Todos los músicos sabemos que la música es un lenguaje, que transmite emoción y mucho más, pero sólo nos han enseñado una parte de ese lenguaje.
Nos han enseñado a leer partituras, a “leerlas correctamente en voz alta” (entiéndase tocar un instrumento),y todo el proceso técnico que hay alrededor.
La parte de la expresión y la comunicación, se deja de lado.
A veces, se entierra.
Como mucho, tocaremos una partitura con un estilo propio, o con un instrumento distinto, o puede incluso con una versión distinta.
Pero seguirá siendo la misma melodía, el mismo “libro” leído “palabra por palabra”
¿Y qué pasa si yo quiero contar algo nuevo?
Eso no está permitido. Eso es muy difícil. Eso no se hace en clase.
Puede que en tus primeros años con tu instrumento jugaras con él, a solas en tu casa.
Pero en clase no, no es lo principal, no es lo importante.
Lo de contar ideas nuevas con música está reservado a los grandes compositores y a los músicos profesionales con trayectoria.
Apenas se contempla para los que aprenden.
Sin embargo, la riqueza de la música como lenguaje no tiene límites, no tiene fronteras.
Podríamos llegar a cualquier parte del mundo, y utilizarla para comunicar algo importante, para compartir entre seres humanos lo más profundo que llevamos dentro, eso que sólo sabe sacar la música, eso que ni siquiera sabíamos que estaba ahí.
Eso a lo que no le sabes poner palabras porque la razón lingüística no puede llegar.
La música está para eso. Es un medio de comunicación.
Y la desaprovechamos.
¿Realmente desaprovechamos la música?
No todos.
Hay algunos que han aprendido a controlar este lenguaje, que se salen del papel para contar ideas nuevas y comunicarse. Que utilizan la música para contar cada día algo nuevo e irrepetible.
Son los músicos de jazz, y los músicos que han aprendido a improvisar.
Hace unas semanas, en clase de Clara, probábamos algo nuevo y surgió ver un vídeo con la tablet.
Se trataba de éste:
Dos magos del blues y el jazz.
Fíjate en ellos, no los verás con partitura, y ya te digo yo que no van de memoria. Aquí no se trata de repetir algo que alguien escribió, no hay unas palabras determinadas.
Se comunican, se miran, se escuchan. Se cuentan algo.
Ellos saben que cuando tocan no están solos (suelen tocar en grupo), que hay alguien escuchando y que hay una interacción, que hay una comunicación, que se tiene en cuenta lo que cada uno cuenta, y que es nuevo siempre.
Y no te lo sabrán explicar con palabras, porque para explicarlo ya está la música.
Aunque no son todos. Muchos músicos de jazz siguen llevando la música al mundo racional mientras tocan.
En tus clases
Cuando comentaba el video anterior con Clara (9 años) le pedí que se fijara en cómo se comunicaban.
Ella me preguntó: “¿Se puede comunicar con música?”. Llevaba ya 2 años conmigo y no sé cuántos más anteriormente en una academia.
«Claro que sí», le dije. «Mira»
Nadie le había enseñado algo así.
Al final de la clase, se lo enseñó a su madre:
“Mira mamá, se comunican con el piano”
Es necesario que nos demos cuenta de lo que hemos aprendido, y de cómo lo hemos aprendido, para ser conscientes de lo que estamos transmitiendo.
En la música, y en todo.
¿Qué clase de músicos estás formando? ¿Loros? ¿Ejecutores profesionales de un papel? ¿O una persona musical con criterio propio y creatividad?
El equilibrio en la música
La comunicación musical es la base de la creatividad, es lo que hace que tu cerebro haga conexiones nuevas, lo que hace que crezcas como músico y como persona.
La interacción, las relaciones.
¿Tocar una partitura puede ser comunicación? Puede. ¿Por qué no?
Pero sé consciente de sus limitaciones.
El mundo de la música es infinito, hay miles de partituras esperando que tus alumnos las descubran y las disfruten, les aportan algo, a ellos y a ti.
Son grandes ideas, son emoción.
Son como leer un libro
Pero, al igual que con los libros, no basta con leerlos, tienes que salir a la calle a comunicarte, a aprovechar eso que te han enseñado para vivir mejor y relacionarte.
Las partituras también están para ello, pero nunca son un fin en sí mismas.
La música es una vivencia, y para vivirla, a veces hay que quitar la teoría y el papel de en medio.
Busca el equilibro. Contigo, como músico, y con tus alumnos.
¿Cómo conseguirlo?
Si tus alumnos están empezando, es el momento perfecto para aprender esto, ya que el lenguaje musical escrito les resultará muy tedioso, y la comunicación y el juego muy sencillo (sobre todo si son niños).
Haz que juegue con el instrumento, que lo descubra, que escuche lo que suena… lo que sea que suene.
Algunos alumnos, sobre todo adultos, le tienen mucho respeto al instrumento, incluso miedo. Se resistirán a este tipo de enfoque.
Ten paciencia, aprende a verlo y a ser consciente de ello. Poco a poco se lo irás transmitiendo.
Los niños tienen más facilidad para improvisar y jugar sin miedo a equivocarse. Te sorprenderías de lo que son capaces.
Intenta tocar con tu alumno, sin pretensiones, sin melodía establecida.
Intenta escuchar y responderle.
Si tu instrumento es el piano, compartid el instrumento.
Poco a poco, descubren los sonidos que emiten, su cerebro los integra, y aprenden solos a relacionarlos y darles sentido. Su sentido.
Recuerdo a Laura (otra alumna) que, probando esto las primeras veces, descubrió sola el poder de la música para la comunicación.
“¡Parece que estuviéramos hablando!”, me dijo.
Tenía 10 años, y se sentía feliz.
Es posible conseguir esto, siempre y cuando tengas paciencia.
Y sobre todo….
Nunca, nunca, nunca…
Juzgues.
Es su expresión, es lo que conoce, es lo que siente.
No está ni bien ni mal.
Sólo, es. Y es sagrado. Respétalo
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