Llevo unos días queriendo escribir sobre el vínculo.
Pero se trata de algo tremendamente subjetivo. No hay fórmulas ni recetas para establecerlo, es algo que cada uno siente de forma distinta, con respecto a él mismo y con respecto a sus alumnos. Es difícil hablar de algo así.
¿Qué es el vínculo? A grosso modo, y en el contexto que nos toca, es la relación emocional que tenemos con nuestros alumnos. Cuanto más fuerte sea la emoción relacionada, mayor es el vínculo.
Sin embargo, como en todas las relaciones, la emoción invertida puede no estar correspondida.
Puede que un maestro quiera mucho a sus alumnos, pero a estos les caiga mal, o viceversa.
Sin embargo, yo creo que cuando hay un aprecio real por parte del maestro, los alumnos acaban correspondiendo.
Claro que… ¿a qué llamamos aprecio real? Todos diremos, “sí, yo quiero mucho a mis alumnos”.
Es muy pretencioso, en mi opinión, juzgar el “aprecio” que pueda sentir cada uno hacia otras personas.
Pero podemos reflexionar en algo:
Un niño se sentirá amado si es aceptado tal como es. Y sobre todo, si es respetado.
Al igual que un adulto.
El problema viene cuando no lo respetamos, o no lo aceptamos. Cuando intentamos cambiarlo.
Intentar cambiar algo, moldearlo, es NO aceptarlo, NO respetarlo tal como es. Si intentamos cambiar a un niño, es precisamente porque no lo aceptamos como es.
Y un niño que no se siente aceptado, en el fondo, aunque sea inconscientemente, tampoco se siente amado.
Igual que un adulto, igual que nosotros. Si no nos aceptan tal como somos, tarde o temprano nos damos cuenta de que no somos amados.
Llevémoslo a un ejemplo con el instrumento. Un niño empieza sus clases y le toca al profesor nuevo una pequeña canción que ha aprendido por su cuenta.
La postura es incorrecta, los dedos también, la melodía tiene errores, etc… Inmediatamente, nos ponemos a corregir y a cambiar cosas. A moldear. No aceptamos lo que viene por defecto.
La música de ese niño no es “satisfactoria”, así que empezamos a cambiarla.
Y le damos otras canciones para que toque.
Empezar de esta forma es negarle la aceptación, y en consecuencia, negar el aprecio.
El niño ha dedicado tiempo y esfuerzo a algo que le produce placer emocional. A la música. Ha tocado una canción que se ha convertido en suya y nos la ha ofrecido sin tener por qué.
Pero no nos damos cuenta.
Tratándose de música, de un lenguaje emocional, esto puede ser más potente (o no, depende de la persona). Si se repite en el tiempo la negación anterior, generará disgusto, y por supuesto no habrá un vínculo ni una confianza que le permita confiar en su práctica.
¿Y si aceptáramos la música que ya hay en el niño? Y si nos diera igual la postura, los dedos, los errores… ¿Y si tomáramos su música, tal como llega y la tomásemos sin más sin querer cambiarla?
Y entonces surge la pregunta: ¿y para qué estoy yo, si no es para mejorar lo que él hace? Yo me aventuro a contestar que sí, que estamos para mejorar lo que nuestros alumnos hacen, pero siempre bajos sus normas, no bajo las nuestras.
Si yo le digo a un niño que podría enseñarle una forma más fácil para tocar la misma melodía, y acepto el que quiera escuchar o no mi consejo, estoy tratando de transmitirle mi punto de vista con respeto. Si le digo directamente que no toque así, le coloco las manos y le corrijo directamente y sin preguntar, no estoy respetando nada, sea niño o no. Pero es la decisión de cada alumno escuchar el consejo del maestro y ponerlo en práctica.
Si permites que la decisión sea suya, que el avance sea bajo su propia perspectiva, y sienta tu aceptación completa en tu voz y tus consejos, sentirá también tu aprecio sincero.
Se sentirá querido tal como es, y te apreciará en consecuencia.
Y ahí es donde surge el vínculo. Ahí es donde tu alumno empieza a confiar en ti. Ahí es donde sabe que podrá avanzar sin tenerte miedo, sabiendo que si en algún momento desea probar algo que se sale de lo que tú le estás enseñando, o no probar nada, te tendrá igualmente para apoyarle.
Cuando se confía en el maestro de música, o en tu maestro de instrumento, se confía en la música, y uno se siente libre y sin miedo para llevarlo a nuevos niveles. Siempre aceptado y siempre apoyado.
Pero el vínculo no es algo que dependa sólo de esto. Es algo complejo, que no podemos reducir a la simpleza, sobre todo cuando entra tanto en juego la parte emocional. Y se trata de algo que, además, evoluciona.
Yo tardo tiempo en establecer este vínculo con alumnos nuevos. Es normal en dos personas que no se conocen, sean niños o no. Si tu alumno es un niño, también entrará en juego la expectativa aprendida que tiene de otros profesores. El miedo a la regañina y los castigos, o al trabajo que no quiere realizar, por ejemplo. Muchas veces, tardo meses en que se den cuenta de que tienen todo mi aprecio, hagan lo que hagan.
Cuando se cercioran de que pueden confiar en mí, cuando empiezan a apreciarme, es cuando empieza a surgir el vínculo.
Pero es un proceso largo, en el cual a mí me han surgido inseguridades, en el que, mientras no vea a mi alumno cómodo, no me siento cómoda yo. Porque aún no lo conozco y aún no sé lo que necesita, y él aún no me conoce y aún no sabe comunicarme lo que necesita.
Por supuesto, este tiempo varía en función del alumno y de la edad.
Puede ocurrir, también, que el vínculo no termine de asentarse.
Recuerdo un par de hermanos con los que empecé a trabajar unos meses. Yo sentía que me costaba llegar a ellos, que necesitaban algo que yo no estaba dándoles y que no sabía lo que era. En especial con la chica mayor, de trece años, me sentía especialmente desconectada. Como con todos mis alumnos, me esforcé y traté de probar todo lo que estaba a mi alcance, comunicarme con ellos y preguntarles.
Pero el vínculo no llegó. Yo sabía que los niños sentían lo mismo, aunque no lo verbalizaran, y un día su madre me llamó para cancelar las clases.
Esto es completamente normal. Los seres humanos somos complejos y nuestras relaciones también lo son. Las que hay entre maestro y alumno no son una excepción. A veces se conecta, y a veces no.
Al principio, cuando me pasaba esto, me sentía culpable. Creía que era una incompetente que no había podido ayudarles. Pero luego me relajé. No soy el centro del universo. Soy una maestra de piano igual que otra persona, y no tengo por qué ser la mejor opción para todo aquel que contacta conmigo.
Sin embargo, no puedo evitar sentirme orgullosa del vínculo que he desarrollado con el resto de mis alumnos a partir del respeto.
Eso, el respeto.
Al final, para mí, creo que esa es la base de cualquier vínculo, y de cualquier proceso de enseñanza.
¿Qué opinas tú? ¿Qué importancia le das al vínculo con tus alumnos? Cuéntamelo en los comentarios.
Hay que tener en cuenta que nosotros somos los maestros y a veces tenemos que hacerles entender que la manera de tocar que les estamos enseñando es así por un motivo, aunque pueda ser como a el le de la gana, pero tenemos que evitar que cojan manías que posteriormente les entorpezcan a la hora de tocar.
Estoy muy de acuerdo con lo de evitar castigos, regañinas o palabras duras, pero siempre le puedes hacer entrar en razón desde tu propia experiencia, sobre todo si existe ese vinculo que se crea.
Cuando lo he leído me ha venido a la cabeza un caso que me suele ocurrir con algún que otro alumno cuando esta empezando. Al empezar a tocar se dan cuenta de que no necesitan todos los dedos ni de la mano izquieda ni de la derecha, e intentan ir por el camino fácil evitando el meñique por ejemplo.
Es entonces cuando me toca intentar hacerles entender que a posteriori les resultará mas fácil y lo necesitarán más, por lo que es importante que ellos mismos se fijen mucho en su digitación o su postura. Pero también les hablo de Django Reindhart , les muestro algun video y les invito a tocar las canciones que tocan solo con dos dedos, para que vean que es totalmente posible pero es muchísimo mas complicado, y de momento funciona, jeje.
Un saludo
Como dices, yo también he tenido (y tengo) casos en los que no les apetece tocar con todos los dedos. Al principio lo permito, dejo caer sin forzar que necesitarán más adelante esos dedos y que estaría bien hacerlos trabajar también, y no insisto. Nunca intento hacerles «entrar en razón». Me ha sorprendido darme cuenta que en poco tiempo ellos mismos se dan cuenta de esa necesidad y ponen en marcha por sí mismos las ganas y los ejercicios para ello. Ánimo con tus clases! Me encanta la idea de enseñarles vídeos de Django Reindhart! :)
Mi miedo es que cometan los mismos errores que yo, ya que aprendí de manera autodidacta y con el paso de los años me di cuenta de que había perdido muchísimo tiempo que no podría recuperar haciendo las cosas mal. Y que mi formación hubiese sido mucho mas completa con alguien que me hubiese mostrado el camino correcto. Contarles esto también ayuda a que lo comprendan.
Luego no se les puede imponer nada porque entonces deja de ser divertido tocar, pero la verdad es que el uso de la lógica me suele funcionar bastante bien.Aunque cada alumno es un mundo, y es cierto que al que aprende a ritmo mas lento no le menciono tanto la digitación o la postura hasta que él cree su» vinculo con el instrumento» . Que ese también sería un buen tema del que hablar ;)
Un saludo, y seguimos charlando seguro en tu próximo post.
Excelente post, cuando se trata de enseñar sobre todo a niños creo que la personalidad del instructor es pieza fundamental, pues nos ayuda a crear un vinculo fuerte con ellos, los niños son transparentes y muy receptivos a todo tipo de señales que los adultos mandamos, creo también que el respeto se puede traducir de varias formas, simplemente escucharles todo lo que tengan que decir, mostrar interes en cada idea que nos comunican. En mi experiencia siempre he tenido un vinculo muy fuerte con mis alumnos, la parte mas dura es el separarme de ellos, pues enseñar a un niño es una tarea de años y el vinculo y el amor que se genera entre ambos siempre es muy fuerte.
Así es, tampoco es tan difícil mostrar respeto, se gana más de lo que se pierde (¿se pierde algo?). En mi caso, aún no he tenido que separarme de ellos, pero temo ese día, si es que llega. Sé que se haría duro. El vínculo, si es sano, puede llegar a ser muy fuerte.
Gracias por tus palabras, Milton. :)
Estupendo post y estupenda manera de describir la gran importancia de la relación con los alumnos.
Creo que es la base de cualquier aprendizaje y me atrevería a decir que más allá de lo que aprendas (conocimiento, habilidades, etc), el haber conseguido un buen vínculo con un profesor ya es algo que te puede marcar positivamente en tu vida.
Yo recuerdo unos pocos profesores que me marcaron y fue precisamente por esto.
Un saludo!
Mario
Gracias Mario! Me gusta mucho la educación en general, no sólo la relativa a música, y también creo que se deja de lado la parte emocional del desarrollo en otros campos. Tratándose de enseñar música, esto es especialmente importante, y la relación y el vínculo emocional con el maestro son partes inseparables de esta enseñanza. Gracias por tu comentario, Mario. :)