Había empezado a escribir para hoy un post sobre la escala de blues, y cómo utilizarla en clase de instrumento para improvisar.
Acabo de borrarlo entero.
Parecía un maldito tutorial cutre de esos que han plagado youtube, pero sin vídeo (o sea, más cutre aún).
Y me he pasado mucho tiempo parada delante de la hoja en blanco, pensando qué escribir. Porque parece que últimamente me pese escribir.
Yo también tengo temporadas de bajón.
Así que me he hecho una pregunta, una más básica y dura: ¿Por qué doy clase de piano?
Doy clase de piano porque creo en la música como medio para desarrollar una parte del ser humano que no suele tenerse en cuenta.
Me gusta, además, pasar tiempo con niños.
Y realmente creo que estoy aportando mucho a esos niños. Lo creo. No sé si habrán nacido para ser grandes intérpretes, pero a lo largo de su vida lo más seguro es que recuerden el piano, y su recuerdo dependerá de lo que yo haya hecho con ellos en el tiempo que tengo. De cómo se hayan sentido conmigo y con el instrumento.
Porque me gustaría sembrar una semilla que les ayude, en un futuro, retomar la música (si en algún momento la dejaron) bajo sus propias normas, su propio disfrute y su propio camino.
Quiero que mi paso por el mundo no sea en vano.
Pero admito, aun así, que muchos días, muchas tardes que estoy cómodamente en casa haciendo otra cosa, me da pereza salir a dar clase. Supongo que también me gusta estar conmigo misma.
Admito, también, que una clase se me puede hacer pedregosa. Puedo encontrarme con alumnos distintos o con clases que no han aportado tanto como quería. Porque no soy infalible, soy humana, y aún me queda mucho por aprender.
Sin embargo siempre suelo acabar las clases llena de energía. Intento hacer algo, aunque a veces entre en una rutina, que nos permita crecer un poquito más. A ambos. Y eso me llena.
Por eso doy clase. Porque creo en los niños, en las personas, y en la música.
Y porque he hecho esto el tiempo suficiente como para sentirme segura dando clase. Conozco mis recursos, conozco a la mayoría de mis alumnos. He creado un vínculo con ellos, y eso me ayuda a darles lo que necesitan. Y si no les estoy dando lo que necesitan, lo busco.
¿Por qué, entonces, se me hace difícil escribir?
No es porque no tenga nada que ofrecer (algo que he llegado a creer y que, sinceramente, aun temo en el fondo). Es porque he creído que tengo que dar recetas. Que tengo que encapsular mi manera de hacer las cosas (que es mía y de mis alumnos), procesarla, ponerle etiqueta y colocarla con un lacito en este escaparate.
No puedo coger todo en lo que creo, mi vida de maestra, mi amor por los niños y por la música, por la enseñanza, y convertirlo en pastillas para tomar tres veces al día. No puedo, no se puede. El amor no es algo que pueda enseñarse de esa forma.
No puedo explicar mi paciencia para que al final de leer el artículo, seas de repente igual de paciente que yo.
Y mucho menos el respeto, una de las cosas más importantes para mí. No se puede aprender a tener respeto por los alumnos en una guía paso a paso.
Si fuera posible, yo no sé aún cómo hacerlo.
Porque parece que hoy en día buscamos guías para todo, necesitamos que nos pongan las cosas fáciles. Que nos digan por internet a dos palabras de búsqueda cómo solucionar nuestros problemas. Incluídos los de maestro.
Y parece que quisiera unirme yo también a esa fiebre, intentar facilitar las clases todo lo posible, masticarle a otras personas mi complejo proceso de aprendizaje para estar donde estoy y hacer lo que hago.
¿Cómo voy a ayudar a alguien así?
Creo que no estoy aquí para ofrecer algo así. No estoy aquí para desvelar “el secreto”, ni la fórmula mágica. No voy a enseñar truquitos para que los alumnos hagan lo que un maestro quiera que hagan, ni para que hagan algo que ese mismo maestro no sabe hacer ni controla. Viento Rubato no está para eso.
El camino de un maestro, tanto de un maestro de escuela como de un maestro de instrumento, puede hacerse pedregoso. Pero no seré yo la que ponga escaleras mecánicas al monte, para que suban los turistas a los que no les apetece esforzarse.
Porque si se ha hecho pedregoso, es por algo, y hace falta aprender a atravesar terreno pedregoso para alcanzar la zona de prados.
No estoy aquí para poner las cosas fáciles, porque no conseguiré con eso ayudar a nadie a ser mejor maestro. Creo que las cosas difíciles nos ayudan a crecer. A ser mejores en nuestro trabajo y en cualquier faceta.
Así que no, no voy a explicarte la escala de blues. Como he dicho al principio, ya hay muchos que se dedican a enseñar cómo aprender blues, o jazz por la red. Y además, lo hacen mucho mejor. Yo no estoy aquí para eso.
Si quieres enseñar a tus alumnos a improvisar blues, aprende blues tú primero. Si quieres aprender blues, ya sabes dónde buscar.
Yo estoy aquí para acompañarte. Para subir contigo la montaña pedregosa. Para contarte que soy una más que también sube caminos pedregosos.
Y para hacerte preguntas mientras la subes, como por ejemplo:
¿Por qué das clase de instrumento?
Me encantaría que me contaras tus motivaciones y tus creencias para dar clase en los comentarios. ¿Qué es lo que hace tu camino pedregoso?
- Mi Ebook: "Los tres pilares de la motivación en la enseñanza del instrumento"
- Todas las ideas y recursos que publique directamente en tu bandeja de entrada.
Hola Rocío! Las clases de piano las doy en casa, y hasta ahora no me han llegado adultos, sólo pequeños y déjame comentarte que en donde vivo no es común que las personas tengan en casa un piano. Lo que a mi me motiva a seguir dando clases es cuando veo una sonrisa dibujada en su rostro al escuchar los sonidos que salen del instrumento (¿has dado clase de piano a bebés?), y su emoción al ver que logran coordinar sus movimientos para que salgan melodías acompañadas . Esa es mi motivación, ver que están satisfechos con lo que logran en las clases, sea leyendo partituras, tocando por imitación, aprendiendo una nueva tonalidad, etc. Y sobretodo brindándole la confianza que se necesita para dar el siguiente paso, atesorando cada logro pequeño o grande. Lo que me desmotiva en ¡gran! medida es que falten, porque perdemos el hilo conductor, reviso las notas que hago de lo que hay que practicar y retomo desde dónde nos acordamos. Y creo que he superado gracias a ti el que lleguen con un «No estudié porque se le acabó la pila a mi teclado» (aún cuando el teclado sea con el uso de un eliminador de baterías jiji ) pues si no han tomado sus notas en toda la semana y ya están ahí aprovecho para usar ese tiempo al máximo.
¡Gracias, saludos y ánimo!
Hola Sara! Eso es una gran motivación. Una sonrisa suele decirte que vas por buen camino. Me alegro de sigas con energía. Sigue creciendo. Un beso enorme :)