Mi pareja es músico, pero nunca ha estudiado lenguaje musical. Hace poco se interesó por este tema y me pidió que le enseñara.
Al poco tiempo, estando con una amiga suya y contándole que estaba aprendiendo a leer música, ella me preguntó a mí, como bromeando:
“Pero, ¿es buen alumno?”
Me quedé un rato pensando. No sabía cómo contestarle, y tardé un momento en averiguar por qué. Analizaba mentalmente cómo era él en las clases, cuánto practicaba…
Pero… ¿Qué era lo que lo convertía en buen o mal alumno?
El baremo
Seguramente tendrás alumnos a los que consideras buenos alumnos, y algunos a los que consideras malos alumnos o no tan buenos alumnos.
¿Qué es lo que te hace considerar bueno o malo a un alumno?
Muchos maestros consideran que si un alumno muestra interés en las clases, se trata de un buen alumno. Hablamos del alumno que pregunta, que prueba, que escucha atentamente, entiende las cosas fácilmente y permite que la clase sea llevadera.
Entonces… ¿Para ser buen alumno hace falta escuchar y hacer la clase fácil para el profesor?
Otros consideran que ser buen alumno significa estudiar o practicar mucho. Tomarte el instrumento “en serio”.
Entonces… ¿Cuantas más horas, mejor alumno? ¿Cuántas horas hacen falta para considerar a alguien, buen alumno?
Quizás sea el talento, para otros… o la facilidad para tocar o aprender…
¿La inteligencia?
¿El esfuerzo?
¿El ritmo de aprendizaje?
¿Cuál es tu baremo?
El listón
Esto también. Una vez definido el baremo, colocas el listón dependiendo de tu exigencia para definir a un buen alumno.
Por ejemplo, ¿Si toca dos horas al día es un buen alumno? ¿O bastaría con una?
El alumno que no practica nunca, pero pregunta sin parar en clase… ¿es buen alumno?
¿Cuánto hace falta que pregunten para que los consideres buenos alumnos?
¿Cuántos de tus alumnos pasarían por el listón que has colocado? ¿Cómo debe estar de alto?
Las expectativas
Cuando damos clase, a veces nos olvidamos de que nosotros llegamos allí con unas expectativas. Si esas expectativas no se cumplen, tendemos a recriminar a nuestros alumnos.
Algunos se recriminan a sí mismos, pensando que no son buenos maestros.
El baremo y el listón del que te he hablado antes son colocados dependiendo de estas expectativas que tenemos de nuestros alumnos. Según nuestra experiencia, formación, observaciones, o incluso valoraciones externas, decidimos qué esperamos de ellos. Queremos que sean de una forma determinada, que aprendan de una forma determinada. Que toquen una cantidad de tiempo determinada, o una cantidad de veces determinada.
Si cumplen todo esto, son buenos alumnos. Si no, algo falla.
Sin embargo, esas expectativas son propias de cada persona, propias de cada músico y maestro. Totalmente subjetivas. Valorarás unas cosas u otras dependiendo de tu experiencia como músico o como persona.
El juicio
Como te decía, tú mismo colocas los listones, y tú mismo juzgas.
El considerar “buen” o “mal” alumno a alguien, es un juicio. Una evaluación con respecto a unos criterios de los que puede que ni siquiera hayas sido consciente hasta ahora.
Si trabajas en una institución, seguro que estarás más familiarizado con esto, porque en muchas se realizan calificaciones, y mediante números decimos quién es “bueno” o “malo”.
“Progresa Adecuadamente” o “Necesita Mejorar”.
O quién va “bien”, o “mejor” o “peor”, dependiendo de un número.
Si Claudia tiene un 7, y Pablo un 9… ¿Pablo es “mejor alumno” que Claudia… o ha tocado mejor durante el curso? ¿O se ha “portado” mejor?
Juzgamos, juzgamos continuamente. Sobre todo a los niños. Nos creemos con poder para hacerlo. Sin despeinarnos.
Pero esto es normal. Es lo que la mayoría hemos aprendido de una carrera musical, muchas veces deshumanizada: ¿A cuántos nos dijeron en su día que no valíamos para la música, o que no éramos buenos alumnos? ¿O que no tocábamos suficiente? ¿Cuántos dependimos en algún momento de un juicio de “bueno”, “mejor”, o incluso “el mejor”?
Nos juzgaron. Nos inculcaron su importancia. Y ahora seguimos dándosela, transmitiéndosela a nuestros alumnos. La importancia de juzgar a otros.
Pero lo peor no es eso. Lo peor es que tratamos a nuestros alumnos en función de esos juicios. Valdrá la pena dedicarle más esfuerzo a aquel que es “buen alumno” que al que no. ¿Te has encontrado en este pensamiento?
Como siempre, nos olvidamos de que hablamos de música. Un lenguaje emocional, propio. Hecho para el disfrute, para la socialización, para la expresión.
Un arte, para el ser humano, para permitirle ser él mismo. Y resulta que todos los seres humanos somos distintos, y que aprendemos de forma distinta, llegando a lugares distintos.
¿De qué sirve, entonces, el juicio o las expectativas? ¿Para qué sirve ser un “buen alumno”?
Resulta que el chico que aprende por su cuenta tocando sin leer una sola partitura también se está desarrollando musicalmente. Y el que decide tocar 3 horas al día pero no prestar atención en clase porque no le sirven tus explicaciones, también está encontrando su camino musical.
La niña que decide preguntar todo lo que no entiende en clase, y preguntar más… pero luego en casa no toca, resulta que también está llegando a los lugares donde puede que necesite estar.
Todos tienen su camino. Incluso el que ni pregunta, ni toca, ni atiende.
Porque todos y cada uno de ellos son seres humanos con derecho a tomar sus propias decisiones y a elegir el lugar de la música en sus vidas.
¿Quiénes somos nosotros, entonces, para juzgar su aprendizaje?
Te cuento mi baremo:
No tengo. No lo necesito.
Por eso, al principio, no supe contestar a la amiga de mi pareja. Luego le expliqué cómo tocaba, cómo sentía la música, cómo aprendía, cómo dábamos la clase. Todo eso sí lo sé. Pero decir si era buen o mal alumno no era justo para él. Y así se lo expliqué.
Me interesa tu opinión sobre este tema. ¿Consideras a tus alumnos “buenos alumnos”? ¿Crees que es necesaria esta evaluación? Déjame un comentario y cuéntamelo.
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Hola Rocío. Cada semana espero las entradas de tu blog. Cada una me hace reflexionar y cada una me ha dejado dar pasos en mi camino como maestra de música, porque también me cuestiono en mis clases frente a grupo. Gracias.
Ahora mii listón no es tanto hacia el alumno, sino hacia cuanto entusiasmo se lleva ese día por tocar en casa.
Me alegra que te ayuden las entradas de mi blog. Gracias por tus palabras :)
Cuestionarte es la clave para mejorar cada día. No dejes de aprender. Un saludo